EL RINCÓN LITERARIO: 5, 6, 7 TO YOUR HEART

 



¿Quién es Gon?


Aún no me creo que su día se haya iluminado por el mensaje de una chica, ¿Y si es el amor de su vida? No, no, no, no, no. Killua es demasiado rudo y mujeriego como para enamorarse de esa forma. Pero es humano... aunque no lo parece: es demasiado perfecto entre sus imperfecciones como para ser un simple y común mortal...

Siento que algo estoy olvidando... ¡ACHÚ!

- Salud – Me dijo Killua. Estábamos de camino al trabajo y la luz del sol me hizo estornudar. Él aún se veía feliz, pero es inevitable, ¡¡Hoy es viernes!!

No. No, creo que esté así porque es viernes... Me pregunto si alguno de sus amigos sabrá al...

- ¡GON! – exclamé sorprendida mirando a los ojos a mi conductor, que vestía de traje, a pesar de que se puede ir casual al trabajo.

- ¿Qué pasó? – Sonrío tranquilo pero sorprendido.

- ¡Es por él quien estás así! – Dije como digna detective... Sí, sí, no acosadora, detective. - ¿Te envió un mensaje el domingo pasado? – Prestó atención al volante y me respondió.

- Exacto.

- ¡Genial! ¿Cuándo viene?

- ¡¿?! – Su cara decía algo como "Cómo supiste, mujer"

- Wohohohoho – No le voy a decir que llevo desde el domingo pasado maquinando en mi cabeza quién diantres lo dejó así, y que se me acaba de ocurrir que su amigo misterioso y por quien se puso nostálgico cuando se enfermó y Leorio lo nombró, pudo haber sido el culpable.

Renunciaré y armaré mi propia agencia de detectives con juegos de azar y hombrezuelos albinos.

Al día siguiente, un bello sábado abochornado de invierno, me digné a levantarme temprano, porque sabía que vendría el mejor amigo de mi roomate y tendría que pasar de desapercibida si no me quería ir el fin de semana con mis padres...

Rayos, tal parece que mi "temprano" no significa lo mismo para los demás.

Cuando salí de mi habitación, preparada para cocinar un buen desayuno, veo que Killua ya está tomando, en su lugar de siempre, y quien cocinaba era un joven fornido, casi del mismo porte que mi roommate albino, pero de tez morena, cabello negro y puntiagudo, ojos ámbar y risueños... y lo acompañaba un niño, muy similar a él pero de tez blanca y pecosa...

- Buenos días – me saludó el hombre con una espátula en las manos. – Tú debes ser Pirika.

- Ho... hola, y tú debes ser Gon, un gusto. – Dije acercándome tímidamente. El niño se dio vuelta al sentir mi voz, y me sonrió.

- ¡Hola! Soy Ian.

- Él es mi hijo – Sonrió el hombre exótico que acababa de llegar, creo.

Saludé al niño y no pude evitar acordarme cuando mi hermanito era así de adorable. Debe tener unos diez años más o menos... Y creo que su padre debe tener la edad de mi roomate...

Me invitaron a tomar desayuno con ellos y me senté al lado de Killua a oír atentamente las historias que padre e hijo contaban de sus viajes por el mundo. Al parecer Gon es una especie de investigador de flora y fauna, y habla de "excursiones" que va con el pequeño Ian como si fueran en el patio de su casa... cuando de hecho viajan a selvas peligrosas y zonas esteparias, ¡Qué dúo!

Luego de digerir la rica comida que preparó el padre, cocinero e investigador, o más conocido como el mejor amigo de mi roommate, me despedí de ellos puesto que tenía "cosas que hacer".

- Ha sido un placer – Dije mientras me paraba – Pero los tengo que dejar.

- ¿Eh? ¿Te vas? – Preguntó atónito Killua, ¿Qué se sorprende? En estas ocasiones yo vuelo para dejarlo con sus invitados en privado.

- Sí, tengo unas cosas que hacer – Tomé mi bolso y me despedí – ¡Tal vez nos veamos más tarde! ¡Pórtense bien!

Gon e Ian se despidieron cariñosamente de mí, y cerré la puerta con un nudo en el estómago. Y eso que digerí la comida bastante bien, no estoy entendiendo muy bien a mi cuerpo... Pero bueno, no tenía de hecho algún plan para el día, así que como digna ciudadana de esta ostentosa ciudad... Me fui al centro comercial más cercano. Allí miré todo lo que me llamaba la atención, comí en uno de mis restaurantes favoritos, y tuve que parar obligadamente en el supermercado. Me sentía mal por irme así como así, si ni siquiera me sentía incómoda... Así que decidí volver con cosas para cocinar mi especialidad.

Llegué a casa con muchas bolsas e Ian que estaba revoloteando en el jardín delantero me ayudó a llevarlas dentro. Killua se sorprendió mucho al vernos.

- ¡Hey! ¿Qué significa esto? – Preguntó el señorito de cabello plateado, pasmado.

- Significa que fui a comprar, chico agudo. – Bromeé sarcásticamente. – Ahora yo les cocinaré.

Gon sonrió y se ofreció a ayudarme, pero no se lo permití. Tenía un ayudante más tierno que me lo pidió antes.

- Lo que sí necesito, Gon, es preguntarte algo.

- Dime, Pirika.

- ¿Qué comidas, bebidas o postres te gustan de este país? – El hombre de ojos ámbar se puso a pensar detenidamente.

- Fanshop - Bromeó su amigo albino. Me imagino que tendrán muchas anécdotas relacionadas al alcohol, como toda persona de mundo.

- Oh, eso suena interesante, ¿Qué es? – preguntó curioso el pequeño Ian.

- Es una mezcla entre cerveza y gaseosa de naranja. - Le comenté al niño.

- ¿Es rico?

- Mantiene lo amargo y dulce de ambas bebidas, ¿Te gustaría probarlo en un pastelillo?

- ¡Ah! – Iba a objetar Gon, por el tema del alcohol, pero Killua lo detuvo.

- Confía en ella.

Nos pusimos a cocinar con Ian, y preparamos pastelillos de cerveza con cobertura de gaseosa de naranja. Antes, eso sí, herví lo suficiente la cerveza para evaporar el alcohol, dejándola enfriar para que no afectara el sabor de la masa. Hicimos muchos, y la ayuda de Ian era adorable. Cada vez me acordaba más de mi hermanito, y en más de alguna ocasión lo llamé sin querer por los mismos apodos que acostumbro a usar con el pequeño adolescente. Ian solo se reía y me dejaba, me decía que se acordaba de su mamá, que también le ponía sobrenombres.

- ¿Tú mamá? ¿Cómo es ella? – No aguanté la curiosidad y le pregunté.

- Ella es linda, como tú. - Me sonrojé. - Pero su cabello es rojo... Y no cocina muy bien.

Ian me comentó que su mamá se llama Millisent, y que viven en Londres. Ella es fotógrafa de una ONG y en una de sus excursiones a Nueva Zelanda, conoció a su papá. También me dijo que prontamente iba a tener un hermanito o hermanita, y que luego de que terminara su última misión en Asia, se tomarían un descanso para cuidar a este nuevo integrante, en familia.

Realmente me sorprendí de lo diferente que era la vida de Gon con la de Killua. Gon era, un tipo genial, aventurero y además hombre de familia. Aunque odie admitirlo, opaca a mi querido roommate en muchos aspectos. Es abierto, brillante, aunque un poco cauto, como si me estuviera... estudiando.

Terminamos de decorar todos los pastelillos, y llevamos unos cuantos a la mesa de centro de la sala de estar, donde se encontraban el par de amigos conversando de su vida, con unas botellas de cerveza en las manos.

-Les presentamos los pastelillos especiales que Ian y yo cocinamos.

-Estos naranjos son de fanshop, estos blancos de acá de limón, los verdes son de... crema irlandesa y los marrones de naranja y manjar. – presentó Ian indicando los pastelillos de colores que tenía al frente. No dudaron ni un segundo y los tres hombres empezaron a sacar los envoltorios de los pastelillos y los probaron sin dejar alguno.

¡Quedaron fascinados por mi mano de repostera, hell yeah!

- ¡Wow! ¡Son fantásticos! Muchas gracias por hacerlos, Pirika – me agradeció Gon educadamente.

- Dale las gracias a Ian, fue un excelente ayudante... No como otro que se come los ingredientes antes... - Killua se atragantó con la crema de uno de los pastelillos y enrojeció un poco.

- No es mi culpa que sean deliciosos.

La tarde pasó volando, y conversamos de muchas cosas, a pesar de que intentaba no meterme mucho en lo que hablaban Gon y Killua, ya que aún me sentía un poco fuera de lugar. Sin embargo Ian fue mi genial compañero, y me la pasé de maravilla con él. No nos dimos cuenta que ya iba a ser media noche, y lo mandamos a acostarse, porque se estaba acomodando entre mis piernas para dormirse.

Y en cuanto Killua le fue a ayudar al pequeño para acostarse, me empecé a sentir nerviosa por quedarme sola con su mejor amigo. Sonreí y tomé un sorbo de mi té, deseando algo más fuerte para sobrevivir a la noche.

- Así que tú eres la roommate de Killua... - Dijo estudiándome con tranquilidad. Ahora siento que una bestia imponente se encuentra observándome y que al primer paso en falso terminaré masacrada. – Me han contado mucho sobre ti...

- ¿De verdad? – dije curiosa, porque a mí me han contado nada sobre él.

- ¡Claro! Pero no fue Killua, él es muy reservado. Eddie me lo dijo todo.

- ¡OH! ¡Conoces a mi primo! – Siempre supe que el círculo de amigos de mi roommate era pequeño.

- ¡Por supuesto! ¡Vivimos juntos los tres por un tiempo!

Me contó Gon que en la época en que Killua y Eddie estuvieron en la universidad, él se anotó por unos cursos de botánica, y que así conoció a mi primo, y que de hecho, fue en ese entonces que arrendaron esta casa y posteriormente la compraron.

- ¿Conoces a Killua de hace mucho tiempo? – Le pregunté

- Somos amigos desde los 12 años. – Sonrío Gon con serenidad – Nos conocimos en el Examen del Cazador.

- Oh... OH... OOOOHHHHH – Exclamé in crescendo, ¡Son Cazadores! Eso explica sus aires de misterio y por qué este joven padre es tan aventurero.

- ¿Te sorprende? Bueno, Killua no lo demuestra tanto. Tomamos caminos diferentes hace años. – Rio el hombre de ojos ámbar con un dejo de tristeza.

- Ya veo, pero siguen estando en contacto, y eso es genial. – Dije motivada por la conversación, a lo que mi acompañante no entendió muy bien, en su cara se notaba la duda – Me refiero a que a pesar de que se separaron, siguen en contacto, y se ve que aprovechan al máximo el tiempo que tienen juntos.

Vaya, hice que el mejor amigo de mi roommate y jefe se sintiera mejor.

- Tienes razón, ¡Oh! – Musitó Gon mientras tomaba un trébol que estaba enredado en mi cabello. – Lo siento, Ian suele dejarles presentes a la gente que le agrada. Probablemente los sacó de tu jardín...

- ¡Ian es un amor! No te preocupes por ello. – Sonreímos al mismo tiempo – Además me encantó conocerlo, me recuerda a mi hermanito.

Y así conversamos de mi familia, y de la familia de Gon. Me habló de su tía que es como su madre porque lo crió, y de su padre, que también es un Cazador. Conversamos de donde veníamos y le preguntaba cómo era su hogar natal. Sonaba como un lugar de ensueño, en donde reina la tranquilidad y la naturaleza. Nos hablamos de nuestra infancia, ya que extrañamente la pasamos similar: él jugando en los bosques y yo, bueno, jugando en el páramo que era el hogar de mis padres antes de que se urbanizara. Cuando Killua llegó, nos descubrió hablando de plantas medicinales y regañó a Gon cuando lo escuchó dándome consejos para usarlas mejor.

- Ya estás hablando de más, Gon, vas a aburrir a Pirika con tus cátedras sobre plantas.

- ¡Eso no es verdad! ¡Me han llamado la atención desde pequeña gracias a mi abuela y mi mamá! Gon solo está enseñándome a usarlas más eficientemente.

- Ya sabía yo que había algo de salvaje en ti también. – Miré desafiante al hombre de cabello plateado. Ya me ha molestado por mi comportamiento a la hora de comer, por lo "barbárica" que soy para abrir latas y mis tendencias extrañas de hablar con el gnomo de la entrada. ¡Hmm! Y lo bien que se tomó las aguas medicinales que le hice cuando se enfermó aquella vez.

Malagradecido.

¡Pero fue una buena noche! Me entretuvieron con sus anécdotas de cuando estaban en la universidad y de las aventuras locas que vivieron cuando más jóvenes. Se nota que ambos son muy unidos, y es agradable ver lo bien que se llevan. En un momento, cuando nos quedamos sin bebestibles, Killua se ofreció para comprar más, y nos quedamos con su amigo a ordenar y lavar ciertas cosas, antes de que el alcohol les subiera a la cabeza. Debo admitir que tienen un gran aguante para ello.

Recogiendo los vasos y todo lo que dejamos sucio, le comenté a Gon lo que ocurrió cerca del cumpleaños de su amigo.

- Hey, ¿Tú eras la tercera persona que iría con Eddie y Killua a celebrar la semana pasada?

- Este... sí, pero perdí la noción del tiempo y reservé los pasajes para esta semana, creyendo que hoy era el cumpleaños de Killua – Se disculpó avergonzado.

- Estuvieron muy molestos, sabes...

- Siento que aunque me disculpe mil veces no me lo perdonarían – Rio abatido el despistado Cazador.

- Sí, pero después vi una cara de felicidad en Killua cuando le enviaste algo el domingo... - Miré confidente a Gon – Pero no le digas que te conté.

- ¡Ha ha ha! No le diré – Me miró confidente, también – Tampoco le digas que te comenté que se desmotivó cuando te fuiste en la mañana.

- ¿Qué? – Pregunté ruborizada, sin entender lo que me dijo.

No alcancé a recibir una respuesta, porque el aludido llegó con muchas cosas de la tienda de conveniencia, reclamando por la mala variedad de alcoholes que tenían. El resto de la noche pasó tranquila, a pesar de lo cargante que estaba Killua porque terminamos comentando con su amigo de la variedad de licores que se hacían con plantas y especias.

Definitivamente fue divertido el compartir con aquel par de amigos de toda la vida, y me encantaría que se repitiera nuevamente, pero lamentablemente después de visitar a Killua, tenían que partir a cumplir una misión y luego se dedicarían a cuidar al nuevo o nueva integrante de su familia, ¡Eso es tener una vida agitada!

Ver a mi querido roommate tan feliz por encontrarse nuevamente a su mejor amigo de toda la vida, me reconfortó, y sentí cómo una alegría que antes no había conocido irradiaba de él. Diablos, me dieron ganas de ver a mi mejor amiga, pero lamentablemente está muy lejos.



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