EL RINCÓN LITERARIO: 5, 6, 7 TO YOUR HEART
Mi cita
Últimamente he pasado mucho tiempo en informática, debido a que los servidores se están cayendo constantemente y es realmente molesto. Por esos lados me encontré con uno de los candidatos que llegó conmigo a la empresa... De hecho, es quien golpeó a Killua en el pequeño concierto, ¿Lo recuerdan? El rubio de cabello corto y lentes.
Conversando un poco con él en estos días que he estado por su sector, descubrí que se llama Taro, y es bastante amable conmigo. Me ha hecho más grata la espera de los servidores y suele hacerme reír con sus bromas.
De todas formas lograr aquello no es difícil, si me dicen "pudín" ya mis carcajadas se apoderan de mí... (Ja... jaja... Pudín). El tema es que, este sábado me invitó a salir a dar una vuelta por la ciudad, comer algo, no sé, divertirse un poco. Y como de hace tiempo que no salgo (especialmente con un hombre, desde la universidad más o menos, hace unos años), acepté.
-Hey, ¿A dónde vas tan arreglada? – Me preguntó la voz curiosa de un roomate que extrañamente se quedó un sábado en casa. – No me digas que vas a salir con tu nuevo novio...
-¡No... no tengo novio! – Dije indignada y roja. Noté como el rostro de Killua se puso más curioso... en incluso más gatuno.
-¿Eh? – Se aproximó con su mano en su barbilla – ¿Y ese "muchacho" que llegó del correo el otro día?
Volvió a sacar el tema ese estúpido y sensual albino.
-¡ES UN REGALO DE UNA AMIGA DESDE CHINA! – grité totalmente avergonzada.
-¿Oh, entonces no saldrás con él? Qué lástima, ¿Me recuerdas cómo se llama? Soy pésimo para los nombres... - Lo miré más indignada, con una cara de "Déjame en paz" – Bueno, si quieres le digo "Chico Almohada"...
-Gintoki. Y es de una serie que se llama Gintama, ¡Deberías verla y dejar de molestarme! – Abrí la puerta y me fui. Desde allí mismo, Killua me grita.
-¡HEEEY! ¿SI VEO ESA SERIE, PUEDO TOMAR UNAS CERVEZAS CON TU NOVIO?
Solo me alejé lo más rápido posible mostrándole mi dedo medio. Su risotada me hizo sonreír.
¡Qué entrometido! El otro día me llegó un paquete a casa de parte de mi mejor amiga que está trabajando en China. Tenía escrito adentro que lo había encontrado y no podía no enviármelo, que estaba hecho para mí. Me emocioné y sin darme cuenta que llamó la atención de Killua también, abrí la caja dentro del paquete... Y resultó ser una dakimakura de mi personaje favorito... Gintoki Sakata, el protagonista de la serie Gintama. Estaba totalmente roja cuando lo vi... y solo la risa de Killua hizo que me diera cuenta que perdí todo el respeto que me había ganado.
(Dakimakuras, las bellas almohadas tamaño grande que vienen con un estampado por ambos lados del personaje de pies a cabeza).
Taro me estaba esperando fuera de la estación en la acordamos. Se veía bien, con una chaqueta gris y un sweater verde debajo, con unos pantalones rojos y zapatillas outdoor. Parece que él se llevó una sorpresa donde me encontró vestida diferente a la oficina: En vez de llevar traje, andaba con calzas negras y una blusa marrón holgada, con botas largas y un bolso cruzado estilo medieval.
Ohh, sí, saqué una de mis teñidas favoritas, baby.
Caminamos por ahí, miramos diversas tiendas artesanales del centro de la ciudad, nos contábamos anécdotas graciosas y de la nada, sugirió que fuéramos al cine. No había nada muy interesante para ver, pero como se veía interesado accedí. Dentro de la sala, nos acomodamos en los asientos que nos correspondían, con los snacks típicos en estas circunstancias.
-Gracias por venir conmigo hoy.– Musitó Taro.
-No hay de qué, ha sido divertido. – Simulé una sonrisa... No me sentía muy cómoda ahora.
La película no había ni empezado, y sentí la mano del tipo sobre la mía. Lo miré de reojo y la saqué. Me miró y sonreí tomando mi vaso de refresco. A los primeros quince minutos el tipejo bostezó, y trató de abrazarme. Me hice adelante del asiento, buscando algo de mi bolso que estaba en el suelo. Pero su mano bajó y me tocó. Me di vuelta agresivamente y tomé su brazo con fuerza.
-¿Qué demonios intentas hacer?
-¿Eh? Deja de resistirte, idiota. Las de tu clase no se demoran tanto en aprovechar sus únicas oportunidades de tener a alguien como yo para tener sexo.
Ok, este es mi "Martin McFly". Si alguien se atreve a decir que soy de "cierta clase" y que por eso tengo la obligación de servir a "otras clases superiores"... Me entran las ganas de moler a puñetazos a quien sea.
Y esta no fue la excepción.
Enojada, no, FURIOSA, me paré, tomé mis cosas y pisé su entrepierna lo más fuerte posible. Luego, bajé para ponerme a su altura y le sonreí, diciéndole
-Para tu información, chico sensual, "las de mi clase" no necesitan un pene y palabras bonitas para sentirse mujer.
Y como broche de oro... ¡Punch!
¿Qué? ¿Pensaron que sería una cachetada? ¡Un puñetazo limpio en plena boca!
Llegué a casa a eso de las siete. Las primeras estaciones de metro fueron terribles, no por la gente (Se alejaron en cuanto veían mi cara y lo que refunfuñaba sola), sino porque estaba cabreada con la situación y conmigo misma. Una se siente terrible, ¿Sabes? Es como si hubieran visto tu rostro lleno de inocencia y lo desecharon creyendo que eras una necesitada. Por un momento de verdad quise salir con un hombre, divertirme sanamente, sin necesidad de terminar en la cama... Y es para lo único que me querían.
Justo en el orgullo.
Diablos, esos pensamientos hicieron que llegara a casa con los ojos nublados.Adentro, creo que divisé a Killua sentado con la cabeza en el piso, viendo TV bastante interesado.
-¡Heey! Definitivamente tenías razón con esta serie, ¡Es muy divertida!
Yo tenía mi boca cerrada, conteniéndome... pero un sollozo se me escapó. Killua se sentó correctamente en el sofá y en cuanto vio que me encogí en la puerta, llorando, se levantó apurado.
-Oye, oye, ¿Qué pasó? ¿Estás bien? – De nuevo me quedé callada, pero esta vez fue porque no me salí la voz. Solo lloraba - ¿Pirika, te pasó algo malo?
Killua me obligó a mirarlo, sosteniendo con suavidad mi rostro. Su expresión estaba seria, como si preguntara si me habían agredido o algo peor. Empezó a chequear mi rostro y mis brazos, por si había sido efectivamente agredida.
-No se ve como si te hubieran golpeado o... - Se dio cuenta que estaba escondiendo mi mano derecha, hinchada – Pero si golpeaste a alguien... Tu cita, ¿No? Además, ¿Quién demonios era ese bastardo?
Ups... Olvidé decirle que salí con el tipo que lo golpeó...
-Un tipo de la productora... de informática... - Su cara de pregunta me daba a entender que no lograba procesar la información. – Taro... Itou... El que te golpeó en la entrevista de trabajo.
Su expresión de confusión cambió a ira de un momento a otro.
-¿Qué te hizo ese maldito bastardo? – Miré hacia otro lado, tratando de esconder la vergüenza que sentía. – No, Pirika, no te escondas, ¿Qué diablos te hizo?
Me obligó a pararme, y sujetó fuertemente mis hombros. Mientras le contaba todo lo que había pasado y lo que me había dicho ese sujeto, me empecé a quebrar por dentro, y ya en el final de mi relato, no se me entendía lo que trataba de decir, y salían más, y más lágrimas de mis ojos. Killua suspiró aliviado, y sus fuertes brazos me lanzaron a su pecho.
Me sentía a salvo.
-Tranquila, Pirika, ya estás en casa. – Me acarició la cabeza tiernamente, y solo hizo que encogiera mis puños en su pecho y siguiera llorando. Lentamente me calmé, y cuando dejé de sollozar, Killua volvió a tocar el tema. - ¿Y le pegaste un puñetazo en vez de una bofetada?
-Pfff, ¿Quién crees que soy? ¿Una nenita que no se puede defender? – Me sequé las lágrimas y lo empujé suavemente, para separarme. – Además le pisé la entrepierna.
-Se lo tenía merecido el bastardo – Río burlesco mi roomate.
Para levantar mi ánimo, me invitó a ver Gintama con él, y me dio la mitad de la pizza familiar que le había sobrado del pedido de su almuerzo. Nos sentamos juntos en el gran sofá y me uní en su maratón.
Alrededor de la media noche, cuando terminamos el arco de la Benizakura, le dije lo que aprendí de mi cita fallida.
-Desde hoy vuelvo a mi vida de siempre: pijamas, comida, y series. Perdí definitivamente mi fe en los hombres.
-Hey, no todos somos así... - Lo miré de reojo, sin creer en sus palabras. - ¡Es en serio! Están los amables y friendzoneados, los que no les interesa nada, los que se creen seductores como el tipejo ese, y los que realmente lo son.
-¿Y tú eres...? – Me miró sonriente.
-Bueno, sé cómo complacer a las mujeres, Pirika.
-Eso explica por qué la última mujer no se quería ir, ¿Eh?
-Por eso te digo, no tienes por qué recluirte, además... - No, Killua, no lo digas... - Tienes un novio esperándote allá arriba.
Te odio maldito albino.
-Por eso te mereces un golpe en las costillas.- Lo dije después de hacerlo, y me senté cruzando los brazos y flexionando mis piernas arriba del sofá. El albino de brazos protectores se agarró el estómago, entre riendo y quejándose.
Pero sin embargo, por lo reconfortante que fue conmigo, se ganó el lunes en la mañana junto con un desayuno nutritivo (y no solo café), una página de mi libro para colorear para adultos.
("Te Tolero."
Para: __________ De: __________
Colorea esta página, luego dásela como regalo a alguien que todavía no
desprecias con cada fibra de tu ser)
Me imagino que no es necesario decir que coloreé al chico como Killua y a la chica como yo, ¿Verdad?
Pero la oficina era un infierno. Lástima que no pudo empezar bien como la semana pasada. Se había colado el chisme de que había tenido una cita con Taro, y que "habíamos pasado a tercera base". Urg... Qué asqueroso.
-Pirika, te tengo dos noticias, una buena y otra mala, ¿Cuál quieres oír primero? – Me dijo Killua, como Jefe, pero un poco apenado por la situación.
-Esto no puede ser peor que lo que se cuchuchea, así que la mala primero. – Obviamente sé que mi contrato vence esta semana, y no se puede renovar para que siga a prueba por otro tiempo, así que temía lo peor.
-Necesito que la Jefa de Informática me entregue su carta de disculpas por los problemas con los servidores de la semana pasada. De hecho, lo necesitas tú para respaldar las lagunas que creamos para con los clientes de la semana pasada.
El Jefe sabía que lo último que quería hacer era ir para allá.
-Si quieres puedes mandar a alguien...
-Jefe, no es necesario, iré en seguida. – Me di media vuelta, con el corazón acelerado y nerviosa.
-¡Espera, Pirika! No te he dicho la buena noticia. – Lo miré asustada, preferiría que me lo dijera después, para levantar mi ánimo. – Pirika, el viernes debes ir a Recursos Humanos para renovar tu contrato.
-¿?
-Desde la próxima semana eres la encargada de las operaciones de la productora, por 18 meses. Después de ese tiempo, se evaluaría un ascenso, dependiendo de tu rendimiento.
Mi cara de felicidad era enorme. Esa era la mejor noticia que me podía dar... ¡TENGO UN TRABAJO PERMANENTE EN LA PRODUCTORA!
Así pude juntar valor y fui por la carta hacia informática.
Bajé hacia su piso, y mandé a llamar a la jefa con uno de los técnicos que pasaba por ahí. Taro iba pasando y dio un paso hacia atrás cuando se percató que estaba en su oficina.
-Oh... ¿Así que no quieres dar la cara después de jactarte que tuviste relaciones conmigo, Taro?
Sus compañeros, que salieron de todos lados, corearon un "OOOOHHHHHHH" al mismo tiempo.
-Por favor, Pirika, deja pasar el "pequeño incidente" – Me pidió con voz baja.
-¿QUÉ? LO SIENTO NO TE ESCUCHO – Dije imitando a Gin-chan, con una mano en mi oído y gritando, mientras miraba hacia otro lado.
En eso, llegó la Jefa de Informática, una mujer de buenas proporciones y morena. Me saludó afectuosamente, y me invitó a su oficina.
-¡Señorita Pirika, muchas gracias por la paciencia a causa de los problemas la semana pasada! – Dijo con una reverencia y sus manos juntas.
-¡Oh, no, tranquila! Srta. Kaolla, son cosas que pasan. Pero de todas formas necesito su carta de respaldo...
-¡Por supuesto! Te la hago de inmediato. – Mientras tecleaba en su computadora, me miró de reojo – Srta. Pirika.
-¿Sí?
-Felicitaciones por su asenso – Me dijo con una sonrisa. – Y no te preocupes por el mocoso ese, no creo que pase de la semana que le queda.
-Oh, no me gustaría que se debiera a lo que pasó entre nosotros. – Dije, realmente preocupada. – Si con los golpes que le di fueron el castigo suficiente.
--No, no, no, Pirika, su rendimiento no ha sido el esperado en estos meses, y eso no tiene que ver contigo – Se paró a buscar la carta que había mandado a imprimir – Por cierto... ¿Fue tan malo que lo golpeaste?
Su sonrisa pícara fue graciosa, y preferí seguirle el juego antes de indignarme.
-Pff, ni siquiera llegó a la hazaña que se jacta. Intentó aprovecharse de mí basureándome. Así que lo golpeé dos veces, por pervertido e idiota.
La mujer me felicitó por lo que hice, y me dio la carta.
Salí de su oficina, y Taro se encontraba charlando con unos compañeros al lado de una máquina expendedora.
-Hasta luego, Taro – Me despedí pateando la máquina con mis botas de taco alto, muy cerca de su entrepierna. Él se estremeció – Espero que dejes de inventar cosas para hacerte el importante.
Sonreí y me fui.
No he vuelto a escuchar el chisme, ni tampoco de él.



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